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LA VERDAD ESTÁ AQUÍ DENTRO, FUERA SÓLO HAY IRA!-2

VERSUS ANXELA CARAMÉS

seguimos con las mini-entrevistas de Versus, en esta ocasión habla anxela caramés...

jaron vs Anxela Caramés


J: Tu trabajo gira alrededor de la temática vinculada al género, la representación y la identidad. ¿Crees que al verse introducidos en el espacio expositivo o institucional esas problemáticas y temas de discusión pueden perder eficacia política o verse limitados por el propio marco que los acoge?

A: El hecho de introducir problemáticas vinculadas al género en el espacio expositivo o institucional se podría entender como un arma de doble filo. En un paradójico movimiento, el mensaje político gana en visibilidad, lo cual es fundamental para las cuestiones relacionadas con la representación. No obstante, existe el peligro de que disminuya su eficacia, ya que cuando una práctica artística se vuelve "museable" su sentido inicial se anula parcialmente.

La desactivación del mensaje se produce cuando éste es legitimado por el marco que acoge la práctica artística, en un proceso de repetición descontextualizada. Esto contribuye, en ocasiones, a la tergiversación del contenido feminista, que puede acabar derivando en femenino, entendido despectivamente como "arte de mujeres" (y, por lo tanto, rebajándose su "categoría estética"). O bien, puede que se elimine completamente el contenido crítico de género, que resulta molesto para los intereses del mercado, para destacar única y exclusivamente los valores estético-formales.

De este modo, dado que la institucionalización conlleva un debilitamiento del potencial subversivo, habría que tener cuidado en no reiterar las mismas estrategias en torno a la identidad. Es decir, habría que estar continuamente reformulándose para seguir siendo efectivo políticamente y evitar así la invalidación permanente de ciertas propuestas artísticas con intenciones críticas.

Por otro lado, la relación con la institución resulta problemática y ambigua porque en ciertos casos es "pública" (se financia con el dinero de tod@s) y, por ello, tendríamos derecho a reivindicar un uso que fuera verdaderamente público y, de este modo, ser entendido efectivamente como plural. Por ello, la solución no estribaría en rechazar los posibles vínculos con la institución. Al contrario, si sabemos cómo utilizarla a favor de nuestros propios intereses, podremos sacar partido a nuevas y alternativas estrategias de representación que trabajan en la búsqueda de una visibilidad políticamente comprometida (y no meramente referencial).

Si realmente nos interesa conseguir resultados de las diversas propuestas en torno al género, deberíamos ser conscientes de los pros y los contras que conlleva la aproximación a la institución-arte, y así poder jugar las cartas que nos ofrece el reto de la siempre difícil crítica dentro de y desde.

J: Recuperar las instituciones es algo deseable pero problemático, en tanto que debemos reconocer que siempre fuimos institución. Además, mi experiencia me dice que cuando se trabaja en una institución, sus arquitecturas burocráticas, sus formas de relación y su intencionalidad profundamente arraigadas le obligan a uno a adaptarse a ellas, y no viceversa. En cuanto a los discursos feministas, a veces, al entrar en ese tipo de arena, acaban simplificándose y reduciéndose a cuestiones como “cuotas sí o no” o el porcentaje deseable de presencia de mujeres en espacios museísticos. ¿Crees que hoy este tipo de discusiones conservan todavía alguna validez?



A: A pesar de que lo deseable sería no llegar a utilizar la paridad como medida preventiva por resultar impositiva, desgraciadamente las cuotas todavía tienen vigencia debido a la menor representación de mujeres artistas en los circuitos artísticos, lo cual es un hecho fácilmente verificable. Durante la década de los ochenta, en el ámbito anglosajón se consideró que como primera medida de normalización o choque quizás podría resultar efectivo. No obstante, en estos momentos dudo de su eficacia "real". Desde las perspectivas feministas actuales, resulta ciertamente peligroso por esencialista. Es decir, el hecho biológico de ser mujer no condiciona una práctica artística feminista o, por otro lado, interesante. Por eso, defender a toda costa, sin entrar a valorar el mensaje o el contenido de la propuesta, la presencia de mujeres artistas en el espacio institucional puede resultar contraproducente, puesto que acaba generando un rechazo hacia su trabajo. Además, también sucede que se ha llegado a utilizar a las mujeres artistas como un reclamo político para ciertos intereses de tolerancia, como una mercancía de cambio, de modo que el ligero aumento de su presencia forma parte de una estratégica promoción mediática, en lo que se ha venido a llamar la "moda de artistas mujeres" en un tono muy peyorativo. Con ello no sólo se ha infravalorado, como de hecho ha ocurrido siempre, su trabajo, sino que, lo que resulta todavía más perverso, se ha generalizado la errónea percepción de haber conseguido la igualdad, en un malévolo espejismo sostenido por determinadas facciones de la crítica de arte.

J: Gracias Anxela!


Anxela Caramés es productora cultural e investigadora, vive entre A Coruña y Valencia.

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