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LA VERDAD ESTÁ AQUÍ DENTRO, FUERA SÓLO HAY IRA!-2

VERSUS VALENTÍN ROMA

continuamos con las entrevistas que han configurado el poster Versus2, en este caso Valentín Roma contesta a las preguntas de jaron...

jaron vs Valentín Roma

J: Pese a que en ocasiones se intente dar la impresión contraria, pienso que sigue existiendo un gran desajuste, y que ciertas zonas o comarcas siguen estando culturalmente muy desfavorecidas.¿Qué opinión te merecen las políticas culturales que se están aplicando, que intentan terminar con este tipo de diferencias, y hasta qué punto consideras que éstas son efectivas?

V: Por diferentes motivos, para explicar la situación actual hay que referirse, de entrada, a los veinticinco años de gobierno de la Generalitat por parte de Convergència i Unió. Creo que, en materia cultural, se caracterizaron por su sentido absolutamente errático y sin cohesión –y eso que siempre se les llenaba la boca hablando de territorio-, por una inexistente inversión en infraestructuras duraderas y la utilización de una política marcada por el populismo propagandístico y electoralista, así como la reivindicación de valores identitarios caducos. En todo ese tiempo y a pesar de la cansina apelación a la memoria, el país fue asumiendo, sin dar síntomas de resistencia, una situación desarticulada y centralista como algo inevitable.
Por otra parte, también me parece que contribuyeron significativamente muchísimos ayuntamientos gobernados por el Partit dels Socialistes de Catalunya, los cuales o habían impulsado o gestionaban la gran cantidad de espacios culturales –muchos de nueva planta- que se multiplicaron como setas durante la década de los ochenta y principios de los noventa. Hay que tener en cuenta que dentro de ese proceso de aparente certificación del final de la transición democrática, el territorio se llenó de museos, centros culturales, casas de cultura, etc. que cumplían la función de contentar a arquitectos, gestores e intermediarios locales y que supusieron una especie de versión autóctona de lo que el PSOE estaba haciendo en Madrid con organismos de promoción internacional como el SEACEX o Arco.
Sé que son situaciones incomparables, pero me da la impresión de que ese gasto enorme en infraestructuras locales fue una manera de “homologar” el territorio, como se decía entonces, pero desde un diagnóstico epidérmico, con el solo fin de inaugurar algo. Lo cierto es que hoy tenemos una serie de centros dispersos, sin ningún tipo de control ciudadano, que programan a su libre albedrío, y en muchas ocasiones sin criterio, por parte de funcionarios que vienen rebotados de los sitios más insospechados y que carecen de los conocimientos particulares para desarrollar estas tareas. Un ejemplo de esto es Girona, que tiene espacios cerrados como la Capella de Sant Roc y donde se vive un absentismo total de la cultura pero que, sin embargo, nada más llegar al poder, la alcaldesa del PSC plantea la construcción de un supermuseo nuevo para alojar no sé qué colecciones de arte contemporáneo, con el consecuente enfado del alcalde de Salt (de CiU), que quiere el centro para su pueblo.
Habría sido interesante que en estos últimos años, con el PSC en el gobierno de la Generalitat, se hubiese llevado a cabo una especie de censo o auditoría que especificase las dotaciones económicas de estos espacios, sus sistemas de financiación, los recursos en materia de producción que poseen, la lista de programaciones que han desarrollado en los últimos años, así como un diagnóstico acerca de las problemáticas que atañen a las diferentes comunidades que se aglutinan alrededor de estos espacios y estos lugares. Así se lo propuse a Florenci Guntín cuando el PSC le encargó, durante la última campaña electoral, la elaboración de un documento que recogiese las preocupaciones del sector artístico para incorporarlas en su futuro programa de gobierno. Al final todo aquello quedó en el simulacro del Consell General de les Arts y no se profundizó lo bastante, supongo que porque hacer un inventario suponía repartir responsabilidades en las dos direcciones y eso no resultaba ni bonito ni rentable.
El desajuste que comentas es ya insostenible y se soluciona parcialmente gracias a factores aleatorios, tales como la pequeña extensión territorial de Catalunya, lo que permite que alguien de La Seu d’Urgell se plante en Barcelona en una hora y media, o gracias a la movilidad que todo el mundo tiene hoy día, pero lo que me parece urgente, antes de tomar alguna otra medida equivocada, es saber qué es lo que hay y qué es lo que falta, y qué se necesita y qué es lo que se tiene. Esto no es Canadá, Brasil o Argentina y por las mismas razones que una persona de Vielha puede venir a producirse un vídeo a Hangar pueden los responsables de la cultura local montarse en un coche o en un tren e irse a analizar qué sucede en otros sitios.
Por otra parte, y como efecto colateral de la ausencia de políticas culturales adecuadas a los distintos territorios, se produce un efecto de mímesis respecto a los supuestos centros de actividad. Me explico: una de las cosas que más importan a los ayuntamientos no es la creación de infraestructuras de producción, que son costosas en cuanto a mantenimiento y poco rentables desde un punto de vista electoral, sino el protagonismo en el espectro mediático. Aunque pueda resultar increíble, a muchos técnicos culturales locales parece temblarles la silla sólo por alguna crítica desfavorable a su gestión en los periódicos parroquiales y, por el contrario, besan el cielo cuando alguna de las actividades programadas llega a tener medio párrafo en El País, La Vanguardia o El Periódico de Catalunya. Así, la única manera que tienen de conseguir que los periodistas “se desplacen” es programar actividades idénticas a las que se programan en Barcelona y que ya antes han sido cubiertas mediáticamente. Esto plantea una situación esquizofrénica que deja en total desprotección a toda la gente que trabaja en proyectos locales desde esa misma situación periférica.
En ese sentido las instituciones barcelonesas deberían protagonizar otro modelo en el resto del territorio y no importar, más o menos desganadamente, todo aquello que aquí tiene una visibilidad parcial o que necesita un impulso económico adicional que se consigue fuera de la ciudad. Aunque esto es una auténtica utopía, porque los centros cívicos están muy cerca de Ciutat Vella, la Rambla o el Eixample y sin embargo los convenios de colaboración son prácticamente inexistentes.

J: Me parece interesante lo que comentas sobre la prensa, puesto que considero que en estos momentos vivimos una contradicción fruto de un cambio de paradigma difícil de llevar. Por un lado, cada vez hay más plataformas independientes en la red, como blogs, grupos de noticias, etc., que son el espacio perfecto para difundir, opinar o escribir sobre la actividad cultural. Pero, de forma simultánea, seguimos obstinados en buscar aparecer en la prensa escrita, espacio cada vez más cerrado y que, como dices, sólo tiene interés en hablar de las cosas ya establecidas o representativas de cierta capitalidad. ¿Crees que este medio sigue teniendo demasiado poder y capacidad de legitimación?

V: Al hilo de tu pregunta, creo que lo primero que deberíamos señalar es la fisura, cada vez más profunda, entre ciertos valores promovidos por los medios de comunicación y las capacidades que tienen hoy los individuos de gestionar el conocimiento. Esa brecha no sólo está cuestionando quién tiene la legitimidad de construir la opinión, sino que su onda expansiva, en forma de múltiples espacios desconnotados, anónimos, individuales, etc, está arrinconando a ciertos sistemas informativos, entre ellos a la prensa escrita. Si cuentas el número de lectores que tiene un artículo periodístico en su versión digital gratuita y lo comparas con los que ese mismo artículo tiene si es colgado en cualquier foro o blog, te darás cuenta de que la desproporción de seguimiento entre uno y otro medio es enorme. Es un hecho constatable que la prensa escrita se encuentra en un proceso de desvalorización, y eso, de rebote, hace que se haya vuelto cada vez más corporativa y, por consiguiente, menos autónoma. Los periodistas son precisamente los primeros que sufren esta situación, por lo que no me parece justo cierta criminalización que a veces se realiza de su trabajo, el cual se desarrolla en muchos casos desde una tremenda falta de independencia y con unas condiciones de tiempo y de dinero muy precarias.
En este sentido, lo que resulta alarmante no es la calidad de la información que proporciona la prensa, sino que muchas instituciones culturales están trasladando los paradigmas que determinan la visibilidad en los medios a sus propias dinámicas de trabajo. Desde un punto de vista corporativista, me parece legítimo que un periódico decida priorizar su atención hacia unos espacios determinados en detrimento de otros -como por ejemplo sucede en la sección de arte de El País en su versión catalana con respecto al MACBA-, pues se trata de una decisión empresarial que sólo afecta a lectores y subscriptores de un medio determinado y que, en caso de desacuerdo, se soluciona muy fácilmente: cambiando de periódico. Sin embargo, lo que no podemos hacer es pensar que de ahí, de esa posición particular, puede extraerse algún tipo de criterio. Para eso, para rentabilizar los estados de opinión genéricos, ya tenemos a los políticos, a quienes supongo que además les va de maravilla ciertos estereotipos acríticos a través de los cuales juzgamos a los media.
De todas formas, y para no caer también nosotros en maximalismos, convendría precisar un poco más a qué nos estamos refiriendo cuando nos preguntamos si la prensa sigue o no teniendo poder respecto a la dinámica cultural de un contexto concreto. En este sentido, y como ya comenté en la otra pregunta, creo que donde hay una desproporción increíble entre la calidad de la información y su influencia es, precisamente, en situaciones de extrema localidad, donde se practica un periodismo voluntarioso pero con escaso rigor crítico. Ahí, en esos ámbitos sociales pequeños y no tan sometidos a las grandes oleadas mediáticas, sí sería interesante reivindicar dispositivos de opinión sólidos y diversos, que permitiesen analizar las dinámicas culturales de forma compleja y que sirviesen para explorar la propia identidad local desde el mismo territorio donde ésta se produce. Pienso, por ejemplo, en la revista Papers d’Art que dirige desde Girona Carme Ortiz y que es un auténtico oasis si la comparas con muchas publicaciones que se editan en la misma zona.
En otra dirección están los grandes medios informativos, es decir, todos los periódicos que leemos diariamente y que se ocupan de cubrir las actividades culturales de los centros urbanos donde se centralizan los poderes políticos, económicos, etc. Ya he comentado antes que estos medios han ido perdiendo progresivamente su capacidad de diagnóstico y se han convertido en cajas de resonancia de una realidad que va por delante de ellos. La verdad es que nunca he sido responsable de ninguna institución cultural, por lo que desconozco hasta qué punto un programador puede independizar su trabajo cotidiano de la presión mediática, aunque supongo que esto debe ir relacionado con la propia independencia política y con las urgencias de visibilidad que cada uno tenga.
De todas formas, y como lector asiduo de periódicos, pienso que la prensa cultural debería aligerar la opinión y reforzar la información, no sólo para que cumpla algún tipo de función real y adquiera cierta credibilidad, sino porque resulta desproporcionado, como tú mismo indicabas, la profundidad y especialidad de opinión de un simple blog respecto a todos esos textos genéricos, trufados a veces de arrogantes gestos de autoría, que aparecen una y otra vez en los periódicos. También en todo esto advierto ciertas transformaciones diríamos generacionales, pues me parece que esa dinámica absurda de programar y luego esperar a que un periodista, tras un largo enjuague institucional, escriba la crítica adecuada que publicite el evento es una dinámica obsoleta, típica de una estructura entregada a la promoción. Pienso que para mucha gente que no tiene en la prensa su principal medio de información estos protocolos carecen de sentido y absorben mucha energía absurda, aunque insisto en que luego supongo que viene el big boss y te pide resultados con diez periódicos en la mano, por lo que quizás en lugar de cuestionar esa prensa en desuso deberíamos reeducar la gestión que los políticos hacen de ella para tomar decisiones.

J: Hablas de listar todos los recursos de los que se dispone, pero creo que en estos momentos son más importantes para la cultura unos agentes que, pese a sufrir sobreexplotación, retribuciones precarias, etc., son los que dinamizan ciertos enclaves, espacios, centros colectivos, etc., aun encontrándose lejos de puestos de visibilidad. De ellos depende en gran medida que iniciativas “oasis”, como tú las llamas, puedan sobrevivir. ¿ Existe alguna fórmula para reconocer-preservar-gratificar este tipo de dedicaciones?

Por una parte, pienso que deberíamos cuestionar profundamente la idea que tenemos de visibilidad. Es decir, ser visibles no puede ser un patrón que permita juzgar un proyecto cultural (entonces entregamos el poder a los media y a los políticos), pero al mismo tiempo no ser visibles tampoco debe implicar investirse de una total y acrítica legitimidad. Como ya he comentado antes, en el contexto de Catalunya existe una gran cantidad de infraestructuras que absorben partidas presupuestarias importantes y que, sin embargo, tienen muy poca sintonía con sus respectivas audiencias, lo cual me parece un lujo inexplicable que se debería analizar. Esta optimización de los recursos es, en mi opinión, un paso previo imprescindible para el reciclaje de espacios culturales, para la vigilancia de cómo se desarrollan ciertas programaciones y, finalmente, para acoger multitud de iniciativas promovidas en ese “territorio invisible” del que hablamos y que, no obstante, sobreviven en la más absoluta desprotección.
Centrándome en tu pregunta, siento gran desconfianza por los sucesivos intentos de “institucionalizar lo alternativo” -a pesar de que es un modelo que funciona en otros lugares de Europa, como Alemania, Holanda, Suiza, etc-, ya que en Catalunya la política de subvenciones suele implicar el adocenamiento o, en el peor de los casos, el paternalismo. Por ejemplo, a finales de los ochenta y mediados de los noventa se otorgó una gran cantidad de becas para el vídeo arte, porque eran muchísimos los artistas que se dedicaban a esta disciplina. Sin embargo, si miramos retrospectivamente a toda una generación que disfrutó de estas ayudas veremos que la mayoría está en una situación bastante más precaria que hace quince años. Entonces pudieron producir trabajos puntuales, pero al no participar consistentemente de la dinámica de exposiciones y proyectos culturales, quedaron desactivados de forma colectiva.
Luego está el tema de cómo las instituciones representan esos funcionamientos, con formatos festivaleros, antologías de lo emergente o recopilaciones al aluvión, las cuales sólo pretenden cumplir con una especie de compromiso incomprensible. Insisto en que no se trata estrictamente de una cuestión económica, es decir, de otorgar dinero periódicamente y justificarse con ello; pienso que deben abrirse huecos en las infraestructuras existentes, espacios en las programaciones establecidas y, sobre todo, debe permitirse una independencia de gestión a aquellas iniciativas que hoy están en la sombra, por así decirlo. En cierta forma el CCCB ha basado gran parte de su éxito en eso, aunque el modelo tal vez tendría que revisarse y expandirse a otros lugares adoptando una fisonomía distinta. También sería interesante que muchas iniciativas que se desarrollan en el ámbito de la alteridad dejasen de lado cierta ortodoxia que parece impedirles trabajar con instituciones.
En el fondo, estamos hablando de un proceso de reeducación tanto de lo institucional como de lo antagonista que ahora mismo me resulta lejanísimo, mucho más cuando los últimos intentos de ello han supuesto sonoros fracasos. De todas formas, lo que está claro es que la escisión es cada vez más profunda y que la cultura en Catalunya parece estar congelada en el espejismo de la institucionalización, por una parte, o en la precariedad de lo alternativo. En realidad, quizás sea una cuestión de madurez ideológica, de romper con ese maniqueísmo que regula la cultura desde un ámbito u otro.
Por eso, mientras los políticos no asuman seriamente la complejidad de los entramados socioculturales y no generen mecanismos de diagnóstico acordes con la variedad de iniciativas que se producen en el territorio, seguiremos permaneciendo anquilosados en las mismas dinámicas de visibilidad e invisibilidad. En este sentido, antes que otorgar subvenciones o prestar transitoriamente espacios de programación, lo único que creo puede transformar la situación actual es que desde las esferas de poder empiece a entenderse que la cultura no puede exhibirse como un trofeo político o, al menos, que existe una serie de movimientos culturales que se resisten a ser objetualizados como réditos del ejercicio de gobierno y que estos mismos movimientos no constituyen minorías aisladas o excéntricas, sino que forman una estructura ciudadana muy tentacular, que llega a sectores de los que la acción política está sumamente alejada. Supongo que esto crea inseguridad en los que dirigen la cultura, y por eso se prefiere simplemente premiar o integrar. No es el momento ahora de hablar de esto, porque sería larguísimo, pero mientras la cultura no se entienda por parte de los políticos como conflicto y negociación seguiremos en el mismo callejón sin salida.

J: Muchas gracias Valentín, la verdad es que has puesto muchos temas sobre la mesa, y creo que por email será difícil hablarlos bien todos, un día quedamos y lo hablamos todo un poco mas.

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Comentarios

  1. !Es increible como le gusta hablar sobre las comarcas a la gente de ciudad!

    Comentario de oso hace 3 años y 39 meses

  2. Te equivocas. Soy de comarcas, concretamente de la comarca del Vallès Occidental, y más concretamente de un pueblo llamado Ripollet del Vallès. En cualquier caso no entiendo demasiado tu comentario. Me he referido a situaciones que afectan a contextos periféricos a Barcelona porque ha sido en éstos donde mayoritariamente he trabajado.

    Comentario de valentin roma hace 3 años y 39 meses


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